lunes, octubre 23, 2006

Mis Discos de Invierno

El otro día hablaba con un amigo que me decía: “Hijo de puta, acá no hay otoño o primavera. Acá hay verano y unas cuantas semanas de frío en medio del año”. Y creo que nunca mas sentí esa determinación climatológica como este último invierno. Lo cual dio para una selección musical de lo más bizarra, que no se condice con lo que uno esperaría de “música de invierno”. Y si mis discos de otoño fueron de alguna manera coincidentes con el mood de la estación, los de invierno parecerían estar peleándole, puteandose con el frío, gritándole improperios para intentar mantenerlo afuera.
Hay varios discos de este año, es cierto. A pesar de ciertos diagnósticos agoreros, no considero que el 2006 haya sido un mal año en cuanto a lanzamientos, más bien todo lo contrario. Quizás falta “EL” disco que nos vuelva locos durante todo el año, pero hay dosis alegremente distribuidas entre varios cavernícolas con tambores (y eso que aún no escuche ni el disco nuevo de Comets On Fire ni el de The Hold Steady).
Bueno, sin más preámbulos, los discos que me llevaría a mi Fortaleza de la Soledad durante los fríos meses invernales.


Slagsmalsklubben – Sagan Om Konungens Arsinkomst (2004): cuando hace un par de meses yo, desprevenido, me senté a escuchar “Cohi Mucho, Estoy Cansado”, el mejor programa de la radiofonía internética argentina, no sabia que una maligna obsesión iba a asaltar mis sinapsis causando que me sea casi imposible durante los meses siguientes escuchar otra cosa que no sean estos locos, locos, suecos. Uno nunca sabe donde esta el amor hasta que le salta a la yugular. Yo se que sueno como una maquina repetidora o un robot defectuoso, con mi continua arenga y adoración por este grupo, pero es que rara vez aparece una banda con la que uno se sienta tan adorablemente identificado y que represente, en nuestras mentes afiebradas, todo lo que es bueno en el mundo. (¿Que a que suenan?, a seis enfermitos haciendo música de video juegos de 8 bit. Bájense el disco acá y compruébenlo por si mismos)


Violent Femmes – Hallowed Ground (1985): como buen neurótico, el día que el primer disco de Violent Femmes entró en mi vida algo hizo click y me encontré con un tipo que de alguna manera había sufrido la misma “teenage angst” que yo pero al cual lo había dejado un poco mas jodido. En esas canciones se encuentra lo mismo que se halla en algunas cosas de Beck (“When you wanna be with me, then we will see, Who's fuckin' with my head!”), en las letras de Darren Hayman, en las canciones pasivo agresivas de Lou Barlow, en las observaciones relacionales de Jarvis Cocker. Y cuando quese me dijo “viejo, yo creo que el segundo disco es hasta mejor” no pude hacer mas que bajármelo. Como si la obsesión de Gordon Gano con el género femenino (y su rechazo) no fuese suficiente, en este disco la emprende con la religión (católica) y el efecto que tuvo en su crianza. Esta lleno de, bueno, imaginería religiosa, jesuses, cruces, territorio sagrado y mucha neurosis. Es aun más country que el primer disco y tiene esa canción perfecta que es “Jesus Walking On The Water”, de obligada escucha en una (hipotética) fiesta country del fin de los tiempos.


They Might Be Giants – No! (2004): de este ya hable en algún posteo anterior, pero hay que volver a mencionarlo, como mas no sea para decir que creo fue el único disco de este período del cual me termine aprendiendo casi todas las letras y reconociendo todas las canciones. No se si habla mal o bien de mi el hecho de que las únicas canciones que pueda recordar sean para niños, pero me parece consecuente con mis obsesiones estéticas y con mi costado infantil que se niega a morir. Por otro lado, lo que TMBG hacen en este disco no tienen nada que ver con el concepto de canción infantil vulgar y simplista. Una canción como “The House At The Top Of The Tree” con su letra circular, repetitiva y enlazada como una banda mobius es algo que se entronca más con el absurdismo perverso de Lewis Carroll que con Panam o Piñon Fijo. Lo cual demuestra que hay cosas para las cuales no esta bueno envejecer y que discos como este deberían venir con ese sticker que decía “adecuado para niños entre 2 y 99 años”.


Tv On The Radio – Return To Cookie Mountain (2006): cuando hace unos años salio el “Desperate Youth, Bloodthirsty Babes” y todos se andaban mojando por el, mi reacción fue mas bien de una estudiada indiferencia y un cierto aburrimiento al escucharlo. Más allá de “King Eternal”, canción enorme y fabulosa, no había nada ahí que me llamase mucho la atención. En otras palabras, digamos que este no era uno de los discos que estaba esperando este año y que mi respuesta inicial fue algo así como “dejen de inflar a esos negros!”. Todo eso se mantuvo hasta un día particularmente depresivo en el que me desplacé hacia la casa de mi amigo Juan Cruz y mientras charlábamos y quemábamos pone algo muy hermoso que sonaba como si Marvin Gaye hubiese estado en una banda en Manchester en 1979. “Y eso?” “El disco nuevo de TV On The Radio”. La puta, no tuve otra que bajármelo. Después me enteraría que esa canción (“Province”) tiene coros de Bowie, teclados de Eno y es un hit. Después me volvería loco escuchando “Wolf Like Me” demasiadas veces para tener memoria. Después me entusiasmaría pensando que por una puta vez voy a ver a una banda en su mejor momento. La puta que los parió a estos negros que sacan discos terribles y hacen que los prejuicios que se desplomen muy fácilmente.


Ratatat – Classics (2006): Ratatat es un dúo que, de entrada, tienen un difícil trabajo de convencimiento. ¿Cómo venderle al oyente algo que es, básicamente, indietronica con grandes colchones de teclados con guitarras con cierto aire metalero encima? Más allá de eso ¿Cómo verga haces para hacer funcionar una combinación así? En los papeles suena como una catástrofe y el primer disco de estos muchachos se quedaba un poco a medio camino, medio contenido, sin soltarse del todo y aprovechar los excesos del extrañísimo subgénero que han creado. En este disco, ya desde la tapa con un tigre rugiendo, parecen haberle encontrado la vuelta. Creo que es el primer disco que me conmueve y me da ganas de hacer air guitar al mismo tiempo. Todas sus guitarras son muy machonas y estridentes a primera vista pero solo están ahí para hacer todo más emotivo e intenso, para ocultar una cierta melancolía (no tristeza) que subyace todo el disco. Lo cual hace que sea un disco precioso y rockero al mismo tiempo, excelente para escuchar antes y al retorno de una salida, bebiendo whisky y durmiendo abrazado.


The Bats – Daddy’s Highway (1987): el mundo de la música esta lleno de “unsung heroes”, de desconocidos o casi conocidos o perdedores perpetuos que nunca la pegaron pero que deberían, en un mundo perfecto, en un lugar mejor, haber sido la banda sonora de todos los adolescentes del mundo. Con un amigo el otro día hablábamos de cómo nosotros creíamos en el poder de la canción pop, pero en un poder medio extraño, que funciona por osmosis y convencimiento, no por coacción, en la idea utópica de que unas cuantas notas ordenadas de manera sublime se te pegan en la cabeza y por su propia belleza te obligan a que caigas rendido y reconozcas que si, que ganaron, que tienen razón. Bueno, los Bats es una de esas bandas que funciona con la lógica de la canción pop. Encima eran oriundos de Nueva Zelanda, lugar ya de por si extraño. Y hoy por hoy, en un mundo demasiado preocupado por el gimmick, la reproducción vaciada de contenido de formas musicales pretéritas o el golpe de efecto, esto es mucho más importante de lo que parece a simple vista. Por eso solo nos resta escucharlos e intentar aprendernos su evangelio, comunicarlo y esperar que al final, gracias a algún balance cósmico, triunfen los buenos.


Tapes N Tapes – The Loon (2006): quizás Tapes N’ Tapes sean sencillamente los Clap Your Hands Say Yeah! de este año y no representen nada demasiado novedoso (lo cual demuestra hasta que punto soy una persona complicada y jodida y como me contradigo no diariamente, sino cada minuto que pasa) pero hay algo divertido en esta banda. No se, es difícil de justificar el porque me la pase escuchándola durante el invierno. Seguramente porque tienen mucha energía, son frenéticos, como una suerte de mezcla entre los Feelies y Pavement y representan la comodidad del lugar adonde uno va para encontrarse con viejos amigos (o viejos sonidos), porque dan el confort de escuchar una banda que todavía tiene cierta fe en ese indie nervioso y guitarrero antes que en el aburrido y angustioso. No lo se. Pero “Insistor” me da ganas de bailar y no pienso dejar de ponerlo en mi winamp.


Los Planetas – Una Semana En El Motor De Un Autobús (1998): hablar del invierno sin mencionar a Los Planetas es una hipocresía, como mis charts de Last Fm y algún post anterior atestiguan. Este quizás sea el disco que mas escuche, aunque todos pasaron por mis oídos en mayor o menor medida. Su ubicación en este lugar es medio simbólica y medio real. De cualquier modo aquí esta “Cumpleaños Total”, simplísima, cabeza, directa y fiestera, si tengo algo por lo cual recomendarlo. Espero que mi cumpleaños sea así (perdón por la pobreza del comentario, lean el post que hice hace unos meses para ver que pienso realmente de esta banda magnifica).


Cody ChestnuTT – The Headphone Masterpiece (2002): he vuelto un objetivo de primer orden de este año el interiorizarme aunque sea un poco mas con la música negra. Es, creo, el gran hueco en mi formación musical y me da mucha lastima, porque, como dije en otra ocasión, hay un plus de groove que la música negra tiene que no existe en la blanca y privarse de esa sensación tan agradable es un crimen, al menos. Bueno, me habían roto las pelotas con Cody ChestnuTT durante mucho tiempo y finalmente me decidí a bajármelo. Lo que el tipo hizo en este disco es tremendo: grabó un disco doble de soul, funk, etc solo con un micrófono de computadora, en su casa. Esta bien, se lo produjeron los Roots, esta bien, esta grabado con un micrófono copado. Todo lo que quieran, no suena a Ariel’s Pink, pero tienen que pensar en que consiste el ejercicio que el bueno de Cody realizó aquí: invertir todo lo que se supone que es el soul (grandilocuencia, grandes producciones, corazón y emotividad) y traspasarlo a un envase pequeño, destartalado, harapiento. Y encima, apoyado solo en su voz y en algunas producciones precarias, logra que todo suene terriblemente bien, emocionante, que en vez de sonar como un soul de mentiritas suene como Stevie Wonder con 200 backing singers, una orquesta y un elefante que hace equilibrios sobre una pelota.


Husker Dü – Warehouse: Songs And Stories (1987): siempre me había preguntando porque Husker Dü poseía ese aire místico a su alrededor, porque era nombrada con casi la misma reverencia que cosas como Guided By Voices y la Velvet, porque los tipos de una generación anterior a la mía, criados en cierta tradición norteamericana, pensaban que era la mejor banda de los 80 o por ahí. Este trimestre se dieron dos coincidencias fortuitas: la lectura de “Our Band Could Be Your Life”, libro FUNDAMENTAL si se quiere entender el underground norteamericano de los 80 y la escucha de este disco. A pesar de poseer el “Zen Arcade”, sus profundidades se habían revelado demasiado intrincadas para mi precario equipo de buzo del hardcore. Este disco era justo lo que andaba necesitando. Apenas sonó “These Important Years” lo entendí TODO. Intentar traducir lo que es la mística y porque Husker Dü podría ser “the only band that matters” (o lo fue en algún momento) es difícil de hacer en palabras, que son cortas, estúpidas y falibles. Lo único que se puede hacer en estos casos es insertar el círculo de plástico en un equipo, apretar play y dejarse arrastrar por la marejada. Y esperar que un poco de la magia se le pegue a uno en la remera.


Le Sport – Euro Deluxe Dance Party (2006): Suecia, Escandinavia, Suecia. Todo gira alrededor de eso últimamente. Justamente en este lugar inmundo donde no hay invierno (o lo hay muy poco) yo ansió vivir en un lugar con invierno perpetuo, donde la gente anda con camperas todo el día (que hermosa la ropa de invierno, que hermosas las camperas y los buzos, las estúpidas remeras no se comparan con tan nobles aditamentos) y se juntan en casas a beber mucho durante las nevadas interminables. Y como si no tuviese TODO eso a su favor, esos países maravillosos producen de la mejor música que voy descubriendo en el año. Desde Sambassadeur hasta Lo-Fi-Fnk, pasando por Bertine Zetlitz y Figurines. Y para que mencionar a Acid House Kings una banda con la que tengo un idilio que tiene mucho que ver con las personas que me insistieron que la escuche. Dentro de esa constelación de la felicidad (tm) la banda que se destaco más durante los meses centrales del año fue Le Sport. No creo poseer ningún tipo de capacidad especial para hablar de ellos y agregar algo que no se haya dicho antes, así que ni lo voy a intentar: Le Sport era un dúo (porque ya se separaron, los muy hijos de puta) que hacia canciones synth pop en la línea de los Pet Shop Boys o Erasure, con letras que flirtean con lo homosexual y líneas rítmicas similares a las de New Order. Y al que no le guste el synth pop a lo Pet Shop Boys, estoy convencido que es un desalmado con aceite de motor en las venas. Que mierda Estados Unidos, que mierda Gran Bretaña, vámonos a Suecia o Dinamarca, donde todavía hay estados de bienestar, el vodka es de buena calidad y las chicas son nórdicas y bonitas.